• opiniones y comentarios de cine clásico y contemporáneo

    Flandres (2006), de Bruno Dumont


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    Flandres (Flanders)
      |  2006
      |  123 min.
      |  Francia
      |  DIRECTOR:  Bruno Dumont
      |  GUIÓN:  Bruno Dumont
      |  FOTOGRAFÍA:  Yves Cape
      |  REPARTO:  Adélaïde Leroux, Samuel Boidin, Henri Cretel
      |  PRODUCTORA:  3B Productiones
      |  2006: Cannes: Gran Premio del Jurado
    Valoración: 7

    Estuve seguro de haberla visto antes. Flandres mantiene los colores de L’humanité, un poco más breve. Dice Ben Jelloun que hay varios tipos de silencio. En las películas de Bruno Dumont se juegan los que están presentes en los mundos rurales, aquellos en los que un puñado de personajes copan toda la escena. Son silencios presentes, irrenunciables. De un lado la pasividad y la cordura, del otro los nervios y la barbarie, todo lo que pueda quebrar el silencio. “Aquello era el infierno” dice un personaje, pero parece haber pasado por un purgatorio, del cual fue el único que sale vivo, con posibilidades de regresar al paraíso (al que nunca podrá ver con los mismos ojos).
    Flandres es una región de Francia, situada al norte del país, una de las más pobres, predominantemente agrícola, poblada por campesinos de pocas palabras. El film es igualmente crudo, sobrio, ascético; sus personajes hablan lo estrictamente necesario. Sin embargo, la contundencia de los silencios y la elocuencia de las imágenes señalan una realidad aplastante.
    Esta realidad se encuentra ligada a lo más primitivo de nuestra condición humana, por momentos a lo más bestial. La distancia entre ambas nociones es la que recorre el taciturno Demester (excelente, Samuel Boidin) cuando deja su granja para trasladarse al Golfo Pérsico como soldado de la OTAN.
    Medio Oriente aparece en tanto reflejo distorsionado de Flandres, porque en definitiva todo conflicto bélico genera un reflejo distorsionado —el más abyecto— del hombre. Aún fenómenos tan universales como el amor y la locura cambian, adquieren otra dimensión en uno y otro escenario.
    Dumont sabe transmitir el horror de la guerra sin necesidad de recurrir a la parafernalia militarista de otros largometrajes. De hecho, al director francés le basta seguir a un grupo de seis hombres abandonados en el desierto para recrear un verdadero descenso a los infiernos.
    En un mismo sentido, su aproximación a las relaciones sentimentales/sexuales y a la insania mental prescinde de grandes gestos y de grandes palabras. Probablemente por eso, la conmoción que sufrimos los espectadores nos llega de una manera tan directa y profunda. [Fuente: Espectadores]