• opiniones y comentarios de cine clásico y contemporáneo

    El tiempo que queda (2005), de François Ozon


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    Le temps qui reste
    | 2005
    | 90 min.
    | PAÍS Francia
    | DIRECTOR François Ozon
    | GUIÓN François Ozon
    | MÚSICA Marc-Antoine Charpentier, Arvo Pärt, Valentin Silvestrov
    | FOTOGRAFÍA Jeanne Lapoirie
    | REPARTO Melvil Poupaud, Jeanne Moreau, Valeria Bruni-Tedeschi, Daniel Duval, Marie Rivière, Christian Sengewald, Louise-Anne Hippeau, Henri de Lorme
    | PRODUCTORA Fidélité Productions / Studio Canal
    2005: Valladolid: Espiga de Plata, Mejor Actor (Melvil Poupaud)
    Valoración: 9

    Cuando a Romain le diagnostican un tumor en la cabeza que se irá comiendo todos los órganos de su cuerpo, a la película le queda una hora; a Romain, tres meses de vida. De ahí en más, está presente el mito de vivir. (→Vivir) ¿Qué harías si te enteraras que te queda poco tiempo de vida?
    Romain es un fotógrafo de moda de 31 años, gay, algo individualista y obsesivamente trabajador. Cuando le diagnostican la enfermedad queda en claro que las posibilidades de remisión son prácticamente nulas. No devela su tragedia, pero comienza entonces a desestabilizar sus relaciones más intimas, con su familia y su pareja, e inmediatamente después va en busca de su abuela, quien parece ser un punto de contacto muy fuerte. Hay una relación especial con los niños: disfruta de sus sobrinos, los hijos de su hermana con la que se lleva tan mal; cada tanto en la película aparece el Romain-niño, haciéndolo revivir pasajes de su vida y, por último, aparece ella: Jany (Valeria Bruni Tedeschi, la que tiene club de admiradores y que siempre está metida en todos los puteríos gays), lo que le termina de dar el perfil de afrancesada a la más francesa de las películas: Mundo de modas. La perfecta convivencia entre homosexualidad y familia. Papá que lleva a hijo a comprar merca. Violencia verbal. Abuelas promiscuas. Y demás muestras ostentosas de progresismo.
    Jany no puede quedar embarazada, por lo que, junto a su pareja, le proponen a Romain dinero cambio de que se la embarace. Se encaman los tres. Al tiempo, Romain les cuenta sobre su enfermedad y le deja toda su herencia al hijo del trío.
    Romain es un fotógrafo de moda de treinta y un años, gay, egocéntrico y arrogante, que descubre que el cáncer ha invadido su cuerpo. La esperanza de recuperación es prácticamente nula y la muerte cuestión de tiempo. Su primera reacción es descargar su ira sobre sus padres, su hermana y, por último, sobre su novio, al que expulsa del piso que comparten. Ninguno de ellos conoce el secreto que explica su conducta. La soledad que siente después le lleva hacia su abuela, primera persona a la que confiesa su enfermedad en un alarde de falta de tacto, al decirle «estás tan cerca de la muerte como yo». La necesidad de tener un hombro en el que apoyarse le lleva a su antiguo novio, que le rechaza.